Que la cara es el espejo del alma, se podría decir también de los ojos de los gatos. Cuando miras a un gato a los ojos, sabes de qué humor está. Porque los gatos al igual que las personas cambian de humor según la situación.En el caso de Sora, basta mirarla para saber su ánimo. Sus ojos son azules tirando a verdosos, y pueden pasar en un minuto de la dulzura más conmovedora a la fiereza de un tigre.
Sora vino a casa con dos mesecitos, y era tan chiquita que parecía un llavero peludo; era una Hello Kitty andante, tenía más cabeza que cuerpo, de ahí su nombre : Sora que significa "cielo" en el país del sol naciente.
Pero que que os engañe el nombre, el "cielo" puede tronar en un segundo si se ve contrariada. Es caprichosa cual princesita mimada y zalamera si con eso consigue lo que quiere.
El verano pasado descubrió, de la mano de Wilow que ejerce de hermano mayor, la caza. Se puede pasar horas agazapada en la tapia del jardín, esperando que un incauto pajarillo pase por allí.
Otras veces sube a lo más alto de los tejados en busca de nidos de murciélagos, que ya ha traído más de uno. Lo curioso es que los trae vivos, me imagino que con la intención de jugar con ellos, pues los suelta en el suelo y los da con la patita como diciendo "anda, corre, que no te voy a comer".
Así que como veis, tengo tres gatos y cada uno, al igual que las personas, tiene una personalidad distinta, ¡qué curioso!
Las personas que tienen gatos viven más, tienen menos estrés, y tienen menos ataques al corazón.
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